De pronto en el ángulo superior izquierdo aparece, en medio de una tímida claridad, una figura menuda, aristocrática, con su traje de talle alto estilo imperio, de falda larga, la enagua bordada. Vemos el óvalo alargado de su rostro, su mirada tierna que esconde audacia, el cabello que cae armado en hermosos rizos sujetos con una cinta de seda. Con movimientos armoniosos juguetea con esa sociedad que la rodea, haciéndoles creer que pertenece a ella cuando en realidad todo sus ser vibra en una transgresión constante exteriorizando su pensamiento de libertad. ¿María?, sí, es ella.
Recordamos que la familia concibió casarla con un español mucho mayor pero ella, se concibió libre en su pensar, ¡libre! para el amor. Palabra atrevida que no se podía pronunciar porque hacerlo remitía a algo deshonesto. Era costumbre de la época; a las jóvenes sólo les quedaba aceptar o tomar los hábitos.
Regresamos a la calle Florida mas ya no figura ese nombre, ahora dice “Empedrado”. Una casa de dos pisos recubierta en mármol (incluso el aljibe), se destaca entre el fragor del gentío que va y viene; nos llama la atención, ingresamos. Un patio amplio conduce hacia una serie de habitaciones donde se escuchan gritos, gritos de gloria, ¡gritos sagrados! de los días de mayo.
Afuera el ambiente se puebla con el humo de la pólvora; los soldados hacen caracolas con sus caballos y la muchedumbre en la Plaza Mayor, levanta las manos hacia el cielo, agitando tiritas celestes y blancas. Reinan la incertidumbre, las conspiraciones. Un vendedor ambulante comenta en voz alta el éxito con que se estrenó la comedia “El Sí de las Niñas” de un tal… Moratín.
Adentro aparece la misma figura que, con gestos provocativos y ojos fulgurantes, dice: “las tropas británicas desembarcaron queriendo atemorizar a los criollos al marchar con paso fuerte y vivaz por las calles de la aldea pero desde lo alto de las casas arrojaron agua hirviendo, piedras, tiros; hasta los niños hicieron frente a las balas enemigas; con un clamor unánime de reconquista…conseguimos que los ingleses retrocedieran, los asustamos”
“De norte a sur, de oeste a este, un aire cortante atravesó las calles empedradas de la gran aldea trayendo las primeras señales de la libertad”.
Llegamos a la confitería de la gran tienda donde divisamos desde su terraza, el pujante desarrollo de la ciudad. De pronto con una ligera risa se hace presente nuevamente la imagen, ahora con una blusa de encaje que combina con su falda larga, escondiendo parte de su rostro detrás del abanico de tela pintada y ciñendo su cabello con un peinetón de carey con incrustaciones de nácar.
Monologa: “Don Cecilio Sánchez quiso casarme con Diego del Arco, del cual me separaba un abismo en cuanto a edades y me opuse con fiereza. Desde el convento donde estuve encerrada envié una carta al virrey explicándole mis sentimientos y suplicando protección y justicia. El monarca tras largas audiencias, falló a mi favor. Luego de un año, venciendo prejuicios, costumbres y tradiciones de la época, obtuvimos con Martín Thompson la dispensa eclesiástica y la de la autoridad militar para contraer enlace. En ese lapso murió mi padre sin variar su postura y mi madre Magdalena Trillo, muy a su pesar y muy a destiempo bendijo la unión. Contrajimos matrimonio entrelazando nuestros corazones en una hermosa historia de amor, devoción y cariño”.
Un nuevo alboroto, también son niños, esperan para ver a los Reyes Magos. Aquéllos que guiados por la estrella de Belén llegaron al sitio donde había nacido Jesús. Melchor le ofrendó oro, Gaspar incienso y Baltasar mirra.
En el brillo de esa misma estrella se destaca una elegante figura de mujer que entre sus manos aprieta un fajo de “reales” con los que ayudó a gestar el cambio institucional del Territorio del Río de la Plata cobrando así vida una nueva nación.
Otra vez la Plaza de Mayo rozando con la historia del país. ¿Adónde va esa gente, ¿por qué corre? El pueblo que antiguamente afirmara su entidad se vuelca hacia ella en tropel; la agitación es muy grande, se ha difundido la noticia: “…inmenso dolor... el fallecimiento de Juan Domingo Perón…”





